Coges y te vas, así, calladito, sin que nadie se entere. Sin que nadie pueda regar flores con sus lágrimas antes del suspiro.
Mira que eres discretamente malvado, como los niños que esconden sus trastadas y luego se ríen a solas.
Déjame que te diga, poeta, que este desplante ha estado bastante feo.
Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo.
Pero nada ya ahora
-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo:
exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,
Ayer hablaba con un amigo de los prototipos de belleza, de lo socialmente aceptado como bello o lo estéticamente aplaudido según la cultura, el momento histórico o el devenir de un pueblo. Hablábamos, cómo no, de Occidente y de lo que Occidente considera hermoso. Él es un tío listo, no sólo porque esté licenciado en Filosofía y también en Piano, sino porque es un tío listo, pero un tío, al fin y al cabo.
Hablábamos del ideal femenino, él argumentaba que, hoy en día (como siempre, añadía yo), la belleza física dentro de los cánones socialmente aceptados es una especie de resorte que hace que a las mujeres bendecidas con ese don se les abran mágicamente las puertas que para las que no lo poseen se encuentran más bien atrancadas. Cierto.
De toda la vida, pensaba yo, esto pasa desde siempre.
Las razones son obvias y documentadas históricamente: cuando el hombre sólo valora el físico como cualidad valedera en una mujer es cuando a la mujer no le queda más que el físico para asegurarse un futuro. Esto es muy lógico cuando pensamos en tiempos pretéritos en los que las mujeres no tenían acceso a la educación ni, por ende, a la cultura, ni, por ende, a puestos de trabajo dignos, ni, por ende, a libertad ni autonomía.
A día de hoy, cuando (seguimos hablando de Occidente) las mujeres podemos desempeñar cargos que antes sólo eran ocupados por hombres, tenemos acceso a la escuela, a las universidades (de hecho hay más mujeres universitarias que hombres), podemos competir con nuestro currículo cargadito de masters, cursos, doctorados, idiomas y estancias en el extranjero con cualquiera que posea un vanagloriado pene... ¿Por qué sigue imperando la ley de la más canónica (que no eclesiástica)?
Creo que tiene que ver con los distintos grados de evolución emocional e intelectual que poseemos hombres y mujeres. Nosotras hemos tenido que dar un salto gigantesco en muy poco tiempo para ponernos al nivel intelectual del sexo masculino. En un corto espacio de tiempo hemos tenido que cambiar nuestras prioridades y nuestro concepto de supervivencia. Ya no necesitamos que nos mantengan ellos. Por tanto, la belleza física ya no es el único valor que nos interesa como mujeres.
Sé que a ellos, en general y en el fondo, tampoco, pero siguen padeciendo de una frivolidad tremenda con sus rankings de mujeres más sexys, sus revistas de tetas y sus bravuconerías entre colegas. Y lo peor de todo esto es que a nosotras, con nuestro golpe de currículo, toda esta mierda nos sigue afectando.
A la izquierda, mi canon; a la derecha, mis medidas:
Licenciada en Filología Hispánica.
Master en Marketing y Publicidad.
Master en Enseñanza del español como lengua extranjera.
Idiomas: francés, inglés, italiano y árabe.
Publicaciones: tres artículos en revistas especializadas de filología. Diversos cuentos editados en varias antologías.
El presentador, uno de esos yankis simpaticones que suelen amenizar las galas por ese lado del Atlántico, se acerca divertido y relajado hacia Javier Bardem para preguntarle por el papel que le ha llevado a la nominación al Globo de Oro como mejor actor secundario.
- Tú no eres un psicópata asesino... ¿En quién te has fijado para interpretar a tu personaje?
La cara de Javier Bardem, su postura y su ademán presagiaban la respuesta.
- Sólo pensaba en el señor Bush.
Tímidas sonrisas, caras de póker... Momento tenso...
La merluza en salsa verde de mi plato ha comenzado a aplaudir.
¿Por dónde han venido?, ¿se habrán teletransportado?, ¿habrán dejado a los camellos volar en Easy Jet?... ¿Cómo coño han llegado a mi casa los Reyes Magos de Oriente con la que está cayendo por ahí?
Foto tomada de la web de ese genial graffitero que es Banksy
P.D. Un buen regalo de Reyes sería una PALESTINA LIBRE.
No me gusta este juego de luces y colores chillones. No me gusta esquivar bolsas, niños, campanitas. Es una carrera de obstáculos absurda intentar cruzar la Gran Vía para ir a trabajar, para ir a comer, para ir a. Detesto los arbolitos contrahechos, los papásnoeles borrachos del gaitero, Cortilandia, la buena voluntad, el papel de regalo cargado de muérdago. No soporto los anuncios de colonia, los anuncios de juguetes, los anuncios de. No puedo con las sonrisas pintadas, la purpurina, el espumillón, la madre del cordero, el cordero y los gambones. Todo esto es como la ciudad de Los Ángeles, una especie de escenario, en lugar de palmeras, abetos, en lugar de rubias siliconadas, gordos barbudos, en lugar de playas, nieve artificial.
No me gusta la Navidad, señores, no me creo esa bondad que surge de repente de la masa, esa fiebre por agradar, esa actitud beatífica, esa pasión por las suegras, por el cuñado ludópata, por el sobrino delincuente.
En la nave los locos sonríen porque hay gaviotas que vuelan, peces que nadan y una brújula rota que anda perdida en algún bolsillo descosido o inexistente (no lo hemos investigado). Nos orientamos más o menos bien, según el día. A veces llueve.
Si según Plinio el Viejo
navegar es necesario:
conjura el hechizo,
iza vela, arrumba lejos
y si el viento arrecia
riza el rizo.
(Cecilio Pineda, Sail Away)