Ya sé que estoy piantao...
Se encontró el billete muy mojado y prácticamente ilegible. No sabía ni la cifra ni la moneda, pero lo llevó al banco para que le dieran lo correspondiente en euros.
- Muy bien, veamos...
- Es un billete, ¿verdad? -dijo azorado-. Dígame cuánto vale.
- No vale, perdone, tenemos mucho trabajo hoy.
- Sí que vale, claro que vale, por supuesto que vale, dígame de qué país es... cámbiemelo, por favor, cámbiemelo.
- Mire, estoy perdiendo el tiempo con usted... fíjese en la tremenda cola que se ha formado a sus espaldas... la gente suele venir aquí a cosas serias, ¿sabe?
- Pero es que yo quiero una lancha con motor, o un remolque para caballos, quiero un corte de pelo nuevo, un helado de fresa, unos lápices de colores, una caja de clips, un vestido de gitana...
- ¡Por favor, el siguiente!
Llegaron los del sanatorio, lo trasladaron a su habitación sin darle la cena, le inyectaron el sedante y lo dejaron mirando los álamos del jardín. Él se levantó en silencio, sacó el monopoly de debajo de la cama y lanzó otro billete por la ventana.
Siguiente pasaporte a la libertad.

Johnny Lomax dijo
Hola, hola!
Jaja. Muy bueno. Y con un final chocante e inesperado. No hay duda, los locos mueven el mundo. Ay, qué tiempos de monopoly.
Kiss. Muchos kiss.
15 Junio 2007 | 12:59 PM